MALA HIERBA NUNCA MUERE


Esta mañana estaba yo muy tranquilo frente al PC dándome plomo virtual con unos adolescentes desconocidos en HALO, cuando recibí una llamada telefónica de mi madre. Muy emocionada, entre lágrimas y sollozos, me contó que el pastor evangélico, durante su tradicional culto de los domingos, les había advertido que ya estamos en la recta final, que el mundo se está acabando y que efectivamente, como lo predice la Biblia en su Apocalipsis, es solo cuestión de meses para que veamos a los cuatro jinetes iracundos cabalgando hacia la tierra para hacernos padecer lo indecible (como si no fuera suficiente con lo que la humanidad sufre actualmente).

En fin, según este pastorcito de la iglesia Filadelfia -que asegura ser el único a quien Dios le ha revelado la verdad- el primer paso del maligno (el anticristo), es marcarnos a todos los hombres, mujeres y niños con un sello en la frente o en la mano (debe ser algún tipo de microchip con GPS, las placas de los policías ya lo tienen). Y, como ya todos sabemos, los que no se dejen marcar no van a poder comprar, vender ni ejercer como ciudadanos. (Ya hace rato, hace muchos años, los idealistas que se han negado a hacer parte del sistema han sido tratados como parias o castigados con el ostracismo).

Bueno, esta noticia me cayó tan bien como un chapuzón en una fuente de agua fresca después de caminar tres días perdido en el desierto. Yo escuché a mi querida madre en silencio y asentí a todos sus argumentos sin atreverme a decir una sola palabra. Tan pronto como terminamos de hablar me sentí renovado, mi corazón henchido de esperanza y, como un milagro del cielo, repentinamente cesó el desesperante dolor de cabeza que me aqueja desde hace varios días gracias a la sinusitis crónica que sufro por respirar el aire contaminado de esta maldita ciudad llamada Bogotá.

¡Bienvenido sea el armagedón! Ese espectáculo no me lo pierdo. Ver morir a los colombianos en masa es mi único ideal. ¿Y dónde hay que ir para que me implanten el sello? Al ver la calidad de gente que asiste a esas iglesias patéticas (autómatas sin criterio y delincuentes rehabilitados) y sabiendo como sé que ellos van a ir al cielo, me niego a pasar la eternidad en su compañía.

Y bueno, por otro lado pensé: Vamos todos a morir muy pronto. Así que no es justo que siga conteniendo el odio fatal que le tengo a los colombianos, el rencor infinito que brota de mi corazón. La llamada de mi madre y la agradable reaparición de CN~ fueron dos señales inequívocas enviadas desde el averno para animarme a reabrir el blog.

Así que acá estamos de nuevo, malditos zafios.

(Piss, repórtate)

FAUNA URBANA: HUELEPEDOS Y MENTIROSILLOS


En la fauna urbana los huelepedos (escoltis lambertus indignitus) cumplen una función muy importante para que los grandes depredadores puedan sostenerse en la cima de la cadena trófica: proteger la vida de éstos a costa de la suya propia. 

Los huelepedos pululan, abundan, se agrupan en cardúmenes alrededor de un gran escualo, se alimentan de sus sobras y exhiben de manera agresiva sus filosos dientes a otras especies de la urbe. Son indignamente incondicionales hacia el gran escualo pero aún así son invisibles para éste. La desmesurada oferta de huelepedos los convierte en sujetos fácilmente descartables, reemplazables, desechables. Cuando uno de ellos ofrenda su vida por su personaje, hay treinta más haciendo fila, ansiosos para sucederlo. 

Los mentirosillos son animales camastrónicos, se camuflan y adaptan fácilmente como los camaleones, sin dejar de ser peligrosos y traicioneros. Los grandes depredadores tienen con ellos una estrecha relación de comensalismo, sin que necesariamente se tengan confianza los unos con los otros. Los mentirosillos hieden, apestan. 

Las tres especies antes descritas se nutren sin piedad de los millones de especies menores que habitan la fauna urbana. 

APOSTASÍA

Formato oficial para solicitar la apostasía ante la Iglesia Católica:

(Tomado de: http://es.wikihow.com/apostatar-de-la-Iglesia-Cat%C3%B3lica)

Sr. Obispo de:                                (DIÓCESIS)

Al Fiscal General de este Arzobispado:

      
El abajo firmante cuyos datos se exponen también, en pleno uso de mis facultades y derecho, siendo mayor de edad, por la presente tiene la voluntad libre de manifestar lo siguiente: 

     PRIMERO.- Que, no habiendo encontrado en el Derecho Canónico procedimiento establecido para la tramitación del presente escrito, lo dirijo al Obispo diocesano por las consideraciones siguientes: 

     * Que el canon 393 del Código de Derecho Canónico dispone que "El Obispo diocesano representa a la diócesis en todos los negocios jurídicos de la misma". 
     * Que el canon 383.1, establece que "Al ejercer su función pastoral, el Obispo diocesano debe mostrarse solícito con todos los fieles que se le confían (...), así como con quienes se hayan apartado de la práctica de la religión". 
     * Que el canon 369 define la diócesis como "una porción del pueblo de Dios cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la cooperación del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente esta presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica". 

     SEGUNDO.-  Haber sido bautizado/a a la fe católica como una decisión tomada por mi familia o tutores, quizás bajo la presión ideológica ejercida por la Iglesia Católica, por el Estado y/o la sociedad, presuponiendo cuales debían ser mis convicciones morales y religiosas, y negando por tanto, la plena libertad para emitir un juicio personal libre y consciente sobre las convicciones nombradas. 
     Haber meditado suficientes años, haciendo uso de mi derecho a la libertad de conciencia y a mi capacidad de razonamiento crítico, sobre el significado de mi adscripción a la fe católica, y por consiguiente a la Iglesia Católica. 
     A través de la presente declaración, y haciendo ejercicio del derecho de mi capacidad de juicio liberal y democrático, deseo expresar en absoluta libertad mi contradicción con la adscripción a una entidad caracterizada por su dogmatismo.
     Mi profundo convencimiento que la fidelidad a la propia conciencia es un derecho constitucional reconocido por la legislación nacional e internacional y a la cual ninguna entidad privada o pública puede oponerse.
    Por lo expuesto y rechazando totalmente la fe cristiana y precisamente la católica, me considero incurso en apostasía tal y como la define el cánon 751 del Código de Derecho Canónico, por lo que

REQUIERO:

1º Mi exclusión a todos los efectos (incluso los estadísticos), del registro de personas bautizadas a la fe católica y el reconocimiento del acto de apostasía que por esta declaración expreso, por voluntad y convicción propias y haciendo uso del legítimo derecho a disponer libremente de las convicciones morales, éticas y religiosas que considere convenientes.
2º Y ruego de las instrucciones oportunas para que se me envíe acuse de recibo ORIGINAL de la presente carta, con fecha de entrada, firmada y sellada convenientemente, o en su defecto de otra donde se haga constar, mi requerimiento y mi expresa negativa a que los datos personales facilitados en la presente así como los que dispongan cuando se me bautizó sean utilizados sin mi consentimiento expreso de cualquier manera por nada ni nadie perteneciente directa o indirectamente a su coletivo religioso.

                        

                                 Firmado: